16.8.12

Las luces de la ciudad


Y se espantan los gatos de los techos al ver la tranquilidad de las noches de verano. 
Admirar las luces de la ciudad es la más inequivoca soledad. 
Se van miles de madrugadas y la mañana duda en venir. 
Mientras la vida se consume en un cigarillo. 
Humedo y necesario. 
Todo se reduce a preguntas sin respuesta, nombres propios, julietas que aborrecen a sus romeos. 
Nadie me espera, nada importa. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario